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martes, 15 de mayo de 2012


Sucre... precursor del derecho humanitario internacional   Eumenes Fuguet Borregales


El general en jefe Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho, en su corta pero fructífera vida de apenas 35 años, dejó para sí y para la posteridad varias denominaciones, tales como: El Abel de América, el Prócer más puro de la independencia americana, el Pionero de la Ingeniería Militar de Venezuela, el representante de la juventud venezolana, el primero en aplicar el Principio de Autodeterminación de los pueblos, el Caballero de la Historia y para este tema el Precursor del Derecho Humanitario Internacional. Al retroceder las páginas de nuestra historia, estudiamos que Bolívar durante el desarrollo de la Campaña Admirable iniciada en Cúcuta el 14 de mayo de 1813, a su paso por Trujillo, el 15 de junio emite su proclama de Guerra a Muerte, a causa de las violaciones del Derecho de Gentes y capitulaciones por parte de Monteverde, Zerbéris, Antoñanzas y Tízcar, entre otros jefes que imponían el régimen del terror por parte del ejército realista. 

El 1ro de enero de 1820, España se ve sacudida por el alzamiento en Cádiz de los comandantes Rafael Riego y Antonio Quiroga, quienes obligaron al rey Fernando VII acatar la Constitución de 1812, situación política que no le permitieron enviar a América, un contingente de veinte mil soldados para reforzar las disminuidas tropas que llegaron en abril de 1815 con el general Pablo Morillo, éste tuvo que buscar un entendimiento de paz con Bolívar, para dar tiempo a la solución del conflicto en España. Siete años después, precisamente en Trujillo, se realizaron las conversaciones y discusiones a partir del 21 de noviembre de 1820, para concretar los Tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra; el jefe realista Morillo, había designado como emisarios al general Ramón Correa, a Juan Rodríguez del Toro y a Francisco Linares González; el Libertador designó al general de brigada de 25 años Antonio José de Sucre, al coronel Pedro Briceño Méndez y al teniente coronel José Gabriel Pérez; los Tratados fueron ratificados por Bolívar y Morillo el 27 de noviembre, los cuales sellaron con un fuerte abrazo en Santa Ana de Trujillo. Sucre puso de manifiesto su magnanimidad y diplomacia para llevar a feliz término estas importantes deliberaciones que permitieron humanizar la beligerancia, permitir el canje de prisioneros, no llevar los conflictos bélicos a las poblaciones, rendirle honores a los fallecidos y la atención de los heridos en combate, los cuales no se deben considerar como prisioneros de guerra. A la única persona a quien el Libertador le escribió una biografía fue a Sucre en febrero de 1825, documento denominado “Resumen sucinto de la vida del general Sucre”, refiriéndose a esta actividad dijo: “Este Tratado es digno del alma de Sucre, él será eterno como el más grande monumento de la piedad aplicado a la guerra”. 

Con los tratados de Trujillo, Sucre se adelanta 43 años a la creación del Comité Internacional Cruz Roja y 44 años a los Tratados de Ginebra. Continuando la gesta emancipadora, Sucre logra en Pichincha “Cima de la Libertad”, el 24 de mayo de 1822 un resonante triunfo contra las fuerzas realistas del general Melchor Aymerich, a quien le ofrece en el fuerte Panecillo una honrosa capitulación, aplicando su doctrina de “Gloria al vencedor, honor al vencido”. En Ayacucho, “Cumbre de la gloria americana”, derrota con su talento y estrategia el 9 de diciembre de 1824 al invicto ejército realista, ofreciendo en el mismo campo de batalla al general José de Canterac, representando al Virrey José La Serna, herido en la acción militar, vencido mas no humillado, una capitulación, que a juicio de los historiadores internacionales, es “la más honrosa que se conozca en los anales de la humanidad”; por cierto Canterac cuando estuvo en Venezuela a las órdenes de Morillo, ordenó fusilar en Cariaco en 1817 a Francisco, un joven capitán hermano del futuro Gran Mariscal de Ayacucho. Nuestro ilustre cumanés, no hacía el bien por capricho, sino porque le era imposible actuar de otra manera, su doctrina estipulaba que “la victoria no concede privilegios”. Luego de triunfar el 29 de febrero de 1829 en Tarqui contra la insensata invasión del Perú a Ecuador; en la población de Girón emite el 1ro de marzo con su carácter humanitario el “Convenio de Girón”. Durante la realización del Congreso Internacional de Historia realizado en 1980 en la ciudad de Bucarest, a proposición del eminente abogado ecuatoriano Jorge Salvador Lara, Sucre fue designado por unanimidad “Precursor del Derecho Humanitario Internacional”. Razón tenía doña Mariana Carcelén y Larrea, viuda de nuestro paisano cuando dijo: “Corazón más puro que el de Sucre, no ha palpitado en pecho alguno”

lunes, 7 de mayo de 2012

Sebastian Francisco "Libertad" Miranda



Historia y Tradición
SEBASTIÁN FRANCISCO “LIBERTAD” MIRANDA
Eumenes Fuguet Borregales (*)
El 28 de marzo se conmemora un nuevo aniversario del natalicio del paisano más universal, primer general en jefe de nuestra Venezuela Heroica; único militar en el mundo que ha luchado en tres continentes; precursor del derecho al voto de la mujer; precursor de la Reforma Agraria y de las condecoraciones en Venezuela, su presencia en bronce en Valmy, con la inscripción de “Miranda Libertador de Francia”; su retrato en el palacio de Versalles, único americano cuyo nombre está inscrito en el Arco de triunfo de París desde 1834.
Primer americano con amplia visión de independencia e integración, estuvo presente en las tres grandes revoluciones de su época, es decir: la norteamericana, la francesa y la hispanoamericana; periodista, políglota, poseedor de una de las bibliotecas más completas en su tiempo.
Miranda trajo la primera imprenta, fue pianista, violinista, compositor, perseverante en sus ideas y gran soñador. En la búsqueda de la libertad visitó palacios y también prisiones; es el padre indiscutible de la masonería hispano americana.
El origen canario de su padre don Sebastián, lo colocaba en desventaja ante los españoles peninsulares, por eso, después de haber recibido una esmerada educación en la Universidad de Caracas, en 1771, a los 21 años se trasladó hacia la metrópoli, donde compró por 85.000 reales de vellón el grado de capitán y designado al regimiento de la Princesa para cumplir en diciembre de 1774 operaciones en Melilla, al Norte de África, contra los moros; allí recibió su bautizo de fuego.
El año 1780 siguió hacia La Habana; en 1781 fue enviado a la Florida donde participó en la recuperación de la región de Pensacola en posesión de los ingleses. Por su valor fue ascendido a teniente coronel. En Pensacola le vino a la mente la concepción de formar una gran nación llamada Colombeia, en homenaje al descubridor.
En Norteamérica entabló amistad con George Washington, Samuel Adams y Manuel Lafayette. En diciembre de 1784 se dirigió a Inglaterra para solicitar apoyo para su afán de emancipar al nuevo continente; hablaba seis idiomas y traducía del latín y griego.
Leía a los principales filósofos de la época. Cual Quijote buscando molinos, recorrió en Europa más de cien ciudades, llevaba un minucioso diario donde anotaba las impresiones que observaba en los hospitales, museos, cárceles y bibliotecas, En febrero de 1787 conoció a la reina Catalina de Rusia quien lo autorizó colocarse el uniforme de coronel del regimiento de coraceros.
En 1792 se incorporó a la revolución francesa, su férrea voluntad le permitió ser ascendido a mariscal de campo; en Valmy, mereció el grado de general de los ejércitos franceses. En 1795 conoció a Napoleón Bonaparte con quien cenó y recibió la siguiente expresión: “Miranda lleva el fuego sagrado en el alma”.
En 1798 fundó en su casa de Londres la Logia Gran Reunión Americana, cuna de las futuras logias Racionales y Lautarinas. En 1800 vivió en Londres con su ama de llaves Sarah Andrews, con quien tuvo a Leandro y Francisco. Antes de viajar en su afán emancipador, redactó su testamento donde dejó sus clásicos a la Universidad de Caracas, “Siempre que se haga independiente”.
El 2 de septiembre se trasladó a Norteamérica, donde pudo adquirir y apertrechar una corbeta a la que le puso el nombre de Leander. Zarpó de Nueva York el 2 de febrero de 1806, en el puerto de Jacmel en Haití se le unieron las goletas Bee y Bachus; el 12 de marzo, al amanecer, izó la bandera tricolor; también izó la insignia de: “Muera la tiranía y viva la libertad”.
El 24 de marzo juramentó a la tripulación de unos doscientos expedicionarios, quienes zarparon ese día, en busca de la ansiada libertad. Las goletas Bee y Bachus fueron avistadas y capturadas el 28 frente a Ocumare de la Costa; Miranda con mejor suerte pudo escapar hacia Trinidad, donde consiguió apoyo para navegar a la Vela de Coro, allí colocó el 3 de agosto de 1806 la bandera en el fortín San Pedro; la cual flameó victoriosa por primera vez en tierra firme.
El día 4 Miranda llegó a Coro; la población había desocupado la ciudad y huido hacia las montañas; Miranda colocó la bandera de la redención en la iglesia parroquial, hoy Catedral. Nuestro Precursor llevaba en su mente y corazón un pensamiento de Miguel de Cervantes y Saavedra, autor de “Don Quijote de la Mancha”:
“Fuerte cosa es hacer esclavo a quien Dios y la naturaleza hicieron libre”.

Historia y Tradición
EL PRIMER BOLÍVAR NACIDO EN AMÉRICA
Eumenes Fuguet Borregales (*)
En la ascendencia de nuestro Libertador encontramos común el nombre de Simón, así se llamó su quinto abuelo paterno; el primer Bolívar que llegó al continente americano había nacido en la puebla de Bolíbar, Villa de Marquina, en Vizcaya, en 1532, conocido por la historia como Simón “El Viejo”. Llegó a la isla de Santo Domingo en 1559, donde casó con la dominicana Ana Hernández de Castro; de esa unión nació en 1569 Simón Bolívar de Castro, conocido como “El Mozo”, cuarto abuelo y primer Bolívar nacido en América.
Simón “El Viejo” se caracterizó por sus dotes de buen administrador y excelente calígrafo, durante 30 años se desempeñó como escribano público del cabildo y secretario de la Real Audiencia de Indias; llegó a Venezuela en 1588, contratado como secretario y luego designado Procurador de la Provincia; logró por primera vez que Venezuela exportara mercancías a España en forma legal; igualmente, cambió la segunda “B” del apellido por la “V”, tal como actualmente se escribe.
También obtuvo permiso de España para que se instalara en 1589 por primera vez en Venezuela el Seminario Tridentino de Santa Rosa, núcleo de la Real y Pontificia Universidad de Caracas, fundada por el rey Felipe V el 22 de diciembre de 1721; desde el 24 de junio de  1827, por disposición de nuestro Libertador, se denominó Universidad Central de Venezuela, teniendo como primer Rector al sabio José María Vargas. Igualmente, logró que Caracas fuera la capital de la Provincia de Venezuela; al quedar viudo, casó de nuevo en septiembre de 1600 con María Luyando, sin  dejar descendencia.
Simón “El Mozo” contrajo nupcias en 1592 con Beatriz, la hija mayor de Ana Rojas y del conquistador Alonso Díaz Moreno, natural de Olalla-España, fundador de LA NUEVA VALENCIA DEL REY; con Beatriz nacieron Luisa (1592) y Antonio (1596), tatarabuelos paternos, PRIMEROS DEL APELLIDO BOLIVAR QUE NACIERON EN VENEZUELA.
Simón “El Mozo” consolidó económicamente la hacienda-ingenio San Mateo, una de las principales de Venezuela; fue un defensor de los indígenas. Al fallecer Beatriz, Simón ingresó en la vida eclesiástica; ejerciendo estas nobles funciones fue designado comisionado del Santo Oficio en VALENCIA y Visitador General de Obispado, con la responsabilidad de fijar las construcciones de los templos en los Valles de Aragua.
Antonio fue capitán de Milicias y cumplió importantes funciones, tales como alcalde de Caracas; casó en 1622 con Leonor de Rebolledo, de cuya unión nació en 1627 Luís, bisabuelo paterno; dedicado a las milicias, ocupó en Caracas importantes cargos administrativos.
Luís casó con María Martínez de Villegas y Ladrón de Guevara, de cuya unión nació en San Mateo en 1665 Juan, abuelo paterno, quien fundó en 1717 La Villa de San Luís de Cura, hoy Villa de Cura; Juan se había casado en segundas nupcias en 1711 con María Petronila Ponte de Marín y Narváez, hija de María Josefa Marín de Narváez, madre natural reconocida, quien heredó de su padre, el capitán español Francisco Marín de Narváez, las ricas minas de cobre ubicada en Aroa y la Casa Natal en Caracas, las cuales pasaron a la familia Bolívar.
La Casa Natal fue vendida en junio de 1806 a Juan de la Madrid y las minas, uno de los pocos bienes que le quedaban a nuestro Libertador en el momento de elaborar su testamento  el 10 de diciembre de 1830  en Santa Marta; los otros bienes se utilizaron en la lucha emancipadora; las minas fueron vendidas por Antonia Bolívar en 1831 a unos ingleses. Juan y Petronila procrearon en 1727 en la población de La Victoria a Juan Vicente, quien casó en 1773 con María de la Concepción Palacios Blanco, padres del más grande hombre nacido en la América: Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios, padre de un manojo de seis naciones.
(*) Gral. de Bgda                                                                                          eumenes7@gmail.com

miércoles, 11 de abril de 2012

Fernando Peñalver

Fernando Peñalver 
Recibidos
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Historia y Tradición
Fernando Peñalver, primer gobernador del Edo. Carabobo 
Eumenes Fuguet Borregales (*)
El Dr. Fernando Peñalver, carabobeño de corazón, nació en la población de Píritu, provincia de Barcelona en 1765, del matrimonio de Pedro Peñalver, comerciante y Francisca Luisa Pellón. Recibió una esmerada educación formativa, dominaba el inglés y el francés  En 1800 se traslada a Valencia dedicándose  al comercio y a la agricultura. El 21 de abril llega a la ciudad del Cabriales el eco del 19 de abril caraqueño, logra que el ayuntamiento lo reconociese y se adhiera al movimiento; será designado representante del partido capitular de Valencia ante el Congreso Constituyente de 1811, elocuentes sus palabras durante la discusión por la declaración de la independencia: “Un pueblo para ser libre, basta que quiera serlo”. Fue signatario del Acta de Independencia, así como de la Constitución Federal, primera de Venezuela e Hispano América. Peñalver ocupó el cargo de presidente del Congreso en 1812; durante su permanencia en Caracas logra la amistad y confianza del futuro Libertador. Una vez  firmada la capitulación de Miranda ante Monteverde el 25 de julio de 1812, Peñalver y otros  afectos a la vida republicana, son  enviados prisioneros a las bóvedas de la fortaleza de San Carlos de La Guaira y luego al castillo San Felipe de Puerto Cabello, de donde fue liberado  por sobreseimiento real a mediados de 1813. Peñalver acompaña a Bolívar hasta Caracas  y asesora hasta julio de 1814, cuando obligados por la eminente presencia de Boves obliga  abandonar Caracas en la Emigración  a Oriente. Con  mejor suerte pudo emigrar a  Saint Thomas y Trinidad con  penurias económicas pero con el ánimo en alto. Mantenía comunicación epistolar con el Libertador; en Trinidad contrae matrimonio  con su sobrina Juana. En 1817 la exitosa Campaña de Guayana le abre las puertas. Bolívar le escribió el 1ro de septiembre: “negocie en las Antillas una imprenta, porque ella es tan  útil como los pertrechos y es la artillería del pensamiento. La imprenta tuvo costo de 2.200 pesos, cancelados con mulas a 45 pesos cada una; el taller  fue instalado en la Casa N° 83 de la Calle Muralla de Angostura propiedad de José Luis Cornieles, concejal de la ciudad; imprenta utilizada en el Correo del Orinoco a partir del 27 de junio de 1818. Hasta comienzos de 1819 Peñalver se desempeña como Intendente y Consejero de Estado. También colabora en la redacción  del Correo del Orinoco; reorganiza la Hacienda Nacional y participa en la comisión que elabora el reglamento de elecciones para el Congreso Nacional. Peñalver asistió como Diputado al segundo Congreso instalado en Angostura por Bolívar el 15 de  febrero de 1819. En julio es enviado en misión diplomática a Londres con el general José María Vergara, durante  ocho meses.  A mediados de 1820 regresa a  Angostura,  preside el Congreso cuando éste se reinstaló por unos días en julio de ese año. En 1821 es elegido diputado por Cumaná al Congreso de Cúcuta, Peñalver tuvo  destacada participación en la redacción de la Constitución Gran Colombiana; luego es  designado  director  General de Rentas de Venezuela. Tras enviudar, en 1823 renuncia al cargo para radicarse en Valencia con su pequeña hija María Francisca y su sobrino Martín también huérfano. Aunque fue elegido senador por el Departamento del Orinoco no asistió a las sesiones del Congreso reunido en Bogotá en 1823, en mayo del año siguiente renunció a la investidura parlamentaria. En octubre de 1824 el vicepresidente Francisco de Paula Santander lo nombró gobernador interino de la nueva provincia de Carabobo, cuya capital era Valencia, y en febrero de 1825 fue ratificado en ese cargo como titular hasta 1826; es el primer gobernador del estado Carabobo. Se encontraba ejerciendo sus funciones gubernamentales cuando  a fines de abril de 1826, se  presenta el movimiento separatista conocido como La Cosiata, al cual se opuso sin éxito. Después de restablecerse la paz en Venezuela a comienzos de 1827, Peñalver continuó colaborando con Bolívar, pero sin ejercer funciones públicas. En 1828 fue elegido diputado por Cumaná ante la Convención de Ocaña; enferma en el trayecto, por lo que decidió regresar a Valencia. A partir de este momento se apartó de la vida pública, aunque en octubre de 1830 el Congreso Constituyente reunido en Valencia lo designó Consejero de Estado y posteriormente fue electo senador. Fallece este esclarecido servidor de la República el 7 de mayo de 1837, contaba setenta y dos años; sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 3 de julio de 1896.
(*) Gral. de Bgda.                                                                                               eumenes7@gmail.com
                                                                                                                                       @ Eumenesfuguet





lunes, 9 de abril de 2012

24 de abril de 1863, Tratado de Coche, fin de la Guerra Federal


Historia y Tradición
24 de abril de 1863,  Tratado de Coche, fin de la Guerra Federal
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El 23 de abril de 1863, se reúnen los representantes del gobierno del general José Antonio Páez, presididos por el doctor Pedro José Rojas, periodista y secretario privado y los federalistas del  general Juan Crisóstomo Falcón representado por  el general Antonio Guzmán Blanco acompañado de varios oficiales leales;  actividad  llevada a cabo en una hacienda del sector Coche en El Valle- Caracas, propiedad de Juan Bautista Madrid. Ellos redactaron las bases del Tratado que fueron aprobadas el 25 de mayo   luego de algunas modificaciones por parte del Gral. Falcón. Era el encuentro final de las dos facciones que pugnaban por el poder;  darle término a la Guerra Federal, conocida como Guerra Larga o de los cinco años, iniciada en Coro a las ocho de la noche del 20 de febrero de 1859, cuando el comandante Tirso Salaverría de oficio zapatero, con cuarenta voluntarios asaltó la Casa del Parque, llevándose unos novecientos fusiles y  gran cantidad de municiones; igualmente  propició el regreso de Zamora  y de Falcón desde las islas del caribe. El 8 de diciembre de 1861 en el Campo de Carabobo, se conocieron y conversaron por primera vez Páez y Falcón, a fin de buscar posibles soluciones al conflicto político, encuentro con resultados fallidos. La causa principal que llevó al gobierno de Páez a establecer un diálogo con los líderes de la Federación, fue la precaria situación política y económica del país desde 1862. El partido Conservador estaba seriamente dividido y sus principales representantes, Manuel Felipe de Tovar, Pedro Gual, Ángel Quintero y Pedro José Rojas, encabezaban fracciones antagónicas, igualmente no existían recursos económicos suficientes para el mantenimiento de un presupuesto regular para el sostenimiento del ejército. Páez buscó empréstitos en Inglaterra en condiciones desfavorables, administrados sin escrúpulos; lo que terminó desacreditando al régimen y propiciaron su derrocamiento.  El contenido histórico del Tratado de Coche  es el siguiente:
Pedro José. Rojas en nombre del Gral. Páez y Antonio  Guzmán Blanco en nombre del Gral. Juan Crisóstomo  Falcón acuerdan:
1.    El ejército Federal reconoce el gobierno del Jefe Supremo de la República y sus sustitutos.
2. Una asamblea se reunirá en Caracas dentro de treinta días después de canjeada la aprobación de este convenio.
3. Cada provincia elegirá 4 diputados; 2 el gobierno y 2 la Federación.
4. En el momento de instalarse la Asamblea Nacional, cesará el gobierno del señor General Páez y su sustituto, y la Asamblea constituirá enseguida un nuevo gobierno de la manera que lo estime conveniente.
5. Una vez que la Asamblea Nacional haya constituido el nuevo gobierno, continuará deliberando sin restricción alguna sobre los ramos de la administración pública.
6. El gobierno nombrará al Sr. General Falcón, General en Jefe del Ejército de la República, y al Sr. Facundo Camero, segundo jefe del mismo.
7. No se hará ninguna alteración notable ni en situación de tropas ni en mandos militares, ni en ninguna otra cosa contraria al espíritu de este convenio.
8. Cese de las hostilidades en toda la República.
9. Salvo lo que se dispone en el artículo anterior y que comenzará a regir inmediatamente, el presente convenio se pondrá en ejecución tan luego como lo hayan aprobado el Jefe Supremo de la República y el Sr. General Falcón.
                                                                                          Hacienda de Coche, 24 de abril de 1863.
El Tratado de Coche, fue modificado por Rojas y Guzmán  en Caracas el 22 de mayo y firmado por Falcón en Nirgua el 25 de mayo; buscó la pacificación del país y la salida honrosa del “Centauro” Páez. Falcón es designado Presidente Provisional de la República por la Asamblea Nacional reunida en la población de La Victoria el  17 de junio de 1863. El Gral. Páez se traslada a Nueva York el 13 de agosto de 1863. Las causas sociales, políticas y económicas que originaron la Guerra Federal continuarían vigentes.
(*) Gral. de Bgda.                                                                                                Eumenes7@gmail.com
                                   

lunes, 5 de marzo de 2012

¿Chávez mártir?

¿Chávez mártir?

Autor:
 
Pareciera que lamentablemente, la salud del Presidente Chávez es la salud del proceso revolucionario, cosa que he insistido reiteradamente, como un error garrafal. Para que se me entienda bien, me permito exponer mi percepción personal sobre el asunto y luego posteriormente abordar el análisis más crudo de la realidad.
Nadie puede negar el tremendo amor que un sector mayoritario de la población de Venezuela le tiene al Presidente Chávez. Este amor viene originado por diversas causas, desde las más personales e íntimas de quien decide “amar a Chávez” como a un líder, hasta las causas más políticas, sociales o económicas. El amor a Chávez puede ser originado desde lo más material y concreto como desde lo más sublime y elevado, así como también, el odio contra él recorre todo este espectro de causas y sensaciones en una minoría del país.
Chávez implica, gústele o no a quien lee, una forma de liderazgo de masas inédita en la política venezolana, con una capacidad de representar a la venezolanidad en su máxima expresión (tanto en sus coherencias culturales como en sus contradicciones inciertas) y por ello se escribe, se reflexiona o se piensa tanto sobre él. Incluso los que lo odian, muchas veces invierten más tiempo en él que quienes lo queremos, apreciamos o amamos.
Y esto, así como es una gran virtud, de manera descontrolada es un problema para un proyecto que pretende ser trascendente: el socialismo bolivariano. El proceso revolucionario, socialista y chavista, producto de la pasión que se genera por su líder ha llegado a utilizar una frase, que en pleno buen estado de salud del Presidente, cobraba y adornaba un sentido de lealtad inexorable: “Con Chávez todo, sin Chávez nada”, ya que se sentía imposible el hecho de que su liderazgo no comandara directamente el proceso revolucionario con su vitalidad y capacidad indetenible, es exactamente lo mismo que pasó con “Patria, socialismo o muerte, venceremos”.
Sin embargo, hoy es digno replantearse no sólo esta consigna, sino, reflexionar de manera más conciente y menos apasionada la situación de liderazgo, de dependencia y de adulancia en la que se recurre dentro del proceso revolucionario, y que, sin negar el amor que puede existir para con quien ha estado dando la vida por su país, y puede ser considerado “el principio” de la revolución bolivariana y socialista en Venezuela, sería una contradicción en si misma afirmar que con él finaliza todo, o como dice la consigna “sin Chávez nada”.
Sobre la situación de salud del Presidente, es evidente que ha habido un abuso en el esfuerzo de recuperarse rápidamente, y en la irresponsabilidad que se ejerció sobre su aparente mejoría, pero garrafal error sería suponen que esta recuperación será más rápida y basar todo el accionar de la continuidad del proceso revolucionario y socialista en un sólo escenario como éste; “deseos no empreñan”.
Más allá de la pasión y amor al Comandante, creo importante exigir a las bases del proceso revolucionario una profunda reflexión sobre el futuro del socialismo incipiente en nuestro país, en lo irresponsable que seríamos nosotros mismo en poner en riesgo todos los avances sociales y políticos que gracias a la conducción del Presidente Chávez se han logrado, y lo que pondríamos en juego basados en el exceso de dependencia en su liderazgo.
Por otra parte, también creo importante reflexionar sobre la adulancia, repitiendo, como lo he hecho en anteriores oportunidades en esta misma columna: “El que adula no respeta, y el que respeta no adula”, una cosa es el pueblo dando expresiones de amor a su líder, y otra son funcionarios o “líderes políticos” que de cada 100 palabras 80 son para elogiar al presidente y 20 son para hablar de gestión; invirtamos la fórmula y el pueblo y la revolución lo agradecerá.
El Presidente Chávez no es un Dios, ni un SemiDios, el mismo ha utilizado estas palabras para advertir sobre la necesidad de reflexionar en torno al futuro de la revolución, debemos recordar que él en octubre del año pasado, reflexionó sobre la necesidad de corregir su modelo de liderazgo directivo (a través de VTV en la entrevista de Ernesto Villegas), pero poco ha hecho el PSUV, el GPP y el conjunto de las organizaciones que lo acompañan en función de ofrecer reales alternativas a lo que él mismo ha diagnosticado como un problema, y creo que esto ha sido producto del temor a tener iniciativas propias ante la conducción del Presidente Chávez; una cosa es la lealtad y otra la sumisión.
Para que no queden dudas, no pongo en cuestionamiento el hecho de que el Presidente Chávez sea el candidato y futuro ganador de las elecciones del 7O, lo que me pregunto es ¿a cuesta de qué?, ¿de su propia vida?, ¿necesitamos a un Chávez mártir o a un líder que termine de conducir el proceso revolucionario para su trascendencia?, ¿acaso terminaremos dándole la razón a los opositores que afirman que este es un proyecto personalista?, ¿acaso no es el socialismo bolivariano un proyecto trascendente?, ¿reconoceremos que después de 13 años la revolución no ha parido líderes que garanticen la continuidad de la revolución por diversas vías?
Sólo la “Unión” vs. La “Unidad” garantizará el éxito el 7O, pero aún más importante que las elecciones, la prudencia y el respeto por si mismo en cuanto a la salud del Presidente Chávez, la organización de liderazgos emergente, y la despersonalización, horizontalización y ampliación del proceso revolucionario garantizará la trascendencia del Socialismo Bolivariano. “Irreverencia en la discusión, lealtad en la acción”.
nicmerevans@gmail.com
evansnicmer.blogspot.com
@NicmerEvans

jueves, 23 de febrero de 2012

Luís Manuel Urbaneja Achelpohl, iniciador del cuento venezolano


Historia y Tradición
Luís Manuel  Urbaneja Achelpohl, iniciador del cuento venezolano
Eumenes Fuguet Borregales (*)
Destacado escritor caraqueño, considerado el cuentista principal de estos tiempos; nacido el 25 de febrero de 1873, hijo del general Luis María Urbaneja e Isabel Achelpohl de origen alemán, al culminar los  estudios  de bachillerato  en el colegio Santa María del cual egresa en 1888. Inicia en la Universidad Central de Venezuela la formación en Derecho;  apasionado  por las letras, se retira para dedicarse junto a Pedro Emilio Coll y Pedro César Dominici al periodismo con la fundación de la revista Cosmópolis, cuyo primer número apareció el 1ro. de mayo de 1894, en ella escribe "Sobre Literatura Nacional" y "Más sobre Literatura Nacional", donde señala los lineamientos del manifiesto sobre el Criollismo, muy aficionado a los viajes al campo y su vinculación a la gente y al ambiente rural, sus formas de vida, problemas, tradiciones y costumbres, aspectos que lo inspiración  escribir sus magníficas obras, plasmadas en pequeños poemas en prosa, denominadas "acuarelas".  "Un pueblo que no posee la manera genuina de expresar sus sentimientos -escribe Urbaneja- no tiene derecho alguno a aspirar un puesto en la armonía universal. Cuando los artistas de la época expresaban: “ver París y morir es la felicidad completa de un artista hispanoamericano", Urbaneja en cambio disfrutaba la vida del campo, siempre  identificado con la naturaleza. Recibe en 1896  el primer premio del concurso de cuentos de la revista El Cojo ilustrado, por su relato "Flor de Selva”, ese año escribe “Botón Algodonero”. Tras el fraude electoral que en 1897 perjudicó las aspiraciones presidenciales del general José Manuel Hernández, “el Mocho”, se incorporó en 1898 al alzamiento de los liberales nacionalistas contra el gobierno de Ignacio Andrade. En esta oportunidad como combatiente, obtiene una visión de las crueles acciones bélicas y las secuelas que ellas generan; observaba el valor y abnegación de las mujeres combatientes denominadas “mapanares”. Durante el gobierno de Cipriano Castro, ejerció en Valencia el cargo de fiscal de instrucción pública durante el período 1900-1905, luego en  Caracas, trabajó en la Secretaría de la Corte Federal y de Casación desde 1905 hasta 1910, cuando trabaja junto a Alejandro Fernández García en la revista “alma venezolana”. En 1916 obtuvo en Buenos Aires el primer premio en el Concurso de Novelas Americanas con “en este país”, convirtiéndose en el primer escritor venezolano en recibir un galardón internacional. En 1922 apareció su principal creación como cuentista: Ovejón; el cual fue publicado por primera vez por José Rafael Pocaterra en la "novela semanal".  En 1927, publicó el novelín o novela corta;  el tuerto Miguel.  Durante el régimen de Juan Vicente Gómez estuvo alejado de la política, obtenía el pan nuestro de cada día para la familia,  administrando una vaquera; a la muerte de éste  fue nombrado Director de la Escuela de Arte Escénico y de la Biblioteca Nacional en 1936.  Aparece su segunda novela titulada La casa de las cuatro pencas editada en 1937. Este insigne paisano fallece en Caracas el 5 de septiembre de 1937 a los sesenta y cuatro años;  Doña Lola Pelayo de Urbaneja, empezó a recopilar y publicar las obras en 1944 bajo el titulo El Criollismo en Venezuela. Urbaneja Achelpol mantuvo estrecha amistad con Rómulo Gallegos, José Rafael Pocaterra, Jesús Semprúm y Rufino Blanco Fombona, entre otros. Es  continuador de la obra de Manuel Vicente Romerogarcía (1861- 1917), autor de la famosa obra “Peonía” publicada en 1890, fiel representante del criollismo en nuestro país. Con el tiempo sus papeles fueron donados por su familia al Centro de Estudios Literarios de la Universidad Central de Venezuela. En 1973 fueron publicadas sus Obras completas caracterizadas por las formas naturalistas de la ficción. De su extraordinaria producción tenemos: "En este País",  "Ojo de Vaca", "De Temporada", Alma y Huella", "Flor de Mayo.  Desde su refugio de exilado en Point-Claire- Canadá, nuestro escritor valenciano José Rafael Pocaterra (1889-1955), imagina la escena del sepelio de Luis Manuel Urbaneja Achelpohl: “Le habrán ido a sacar de su casita en El Valle, allá oculta tras un Jardín, bajo algunos árboles...Habrá trepado esta vez a hombros ajenos, las escaleras que suben hasta la callecita urbana, con su tejadillos bajos y sus fachadas al temple de la modestia ciudadana, callada, humilde, que fue la existencia de un gran artista. Ya no volverá a descender más la cuesta, ya no irá a pasarse sus tardes a la estrecha mesa, con los espejuelos caídos y las cuartillas dispersas.
(*) Gral. de Bgda.                                                                                                eumenes7@gmail.com