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miércoles, 20 de junio de 2012


Historia y Tradición
Casa del General Páez en Valencia
Eumenes Fuguet Borregales (*)
El general en jefe José Antonio Páez, héroe de la batalla de Carabobo, tuvo una especial deferencia con Valencia a partir de su triunfante ingreso a la ciudad al lado del Libertador, luego de realizar el magno combate el 24 de junio de 1821, que le mereció el máximo ascenso en el mismo campo de batalla. Adquiere en 1822 la residencia ubicada en la avenida Boyacá con calle Páez, a poca distancia de la Plaza Bolívar; será la preferida de las tantas residencias que logró poseer en Caracas, Maracay y Puerto Cabello. Entre 1822 y 1830 la vetusta edificación fue remodelada por parte de los mejores maestros de obras. Páez desarrolló numerosas actividades de índole artística, acompañado de la sociedad valenciana, que acudía a escuchar sus interpretaciones como barítono y a su pareja sentimental Barbarita Nieves como soprano. “El Centauro” deleitaba a  los asiduos visitantes con el piano, violín inclusive con el violoncelo. En ocasiones presentaba obras de teatro donde algunos protagonistas fueron sus compañeros en la lucha emancipadora. Las tertulias que se realizaban con frecuencia contaron con significativa asistencia. El conocido pintor Pedro Castillo (1790-1858), abuelo de Arturo Michelena, realizó en los amplios corredores, nueve grandes murales de las acciones militares de alto valor histórico, donde participó “el Taita”, quien le describía al artista con lujo de detalles sus vivencias  épicas que lo inmortalizaron. La casona sirvió luego de cuartel de policía; el visitante podrá apreciar cerca del frondoso árbol de mango, al fondo de la residencia, un sótano utilizado como calabozo en tiempos de Gómez; anteriormente estuvo destinado como depósito de alimentos; en ese lugar se exponen armas, lanzas, bayonetas, vajillas y utensilios del siglo XIX, también se observará un pequeño espacio cercano al sótano donde se  torturaba a los presidiarios. Fallecido Páez en Nueva York el 6 de mayo de 1873, la casona quedó en manos de la viuda  Doña Dominga Ortíz, quien la vendió a Don José Arroyal. El doctor Samuel Eugenio Niño, Presidente (Gobernador) del estado Carabobo por instrucciones del Gral. Gómez, compró la casona el 15 de mayo de 1908 a la sucesión Arroyal por la cantidad de veinte mil bolívares, ordena los trabajos necesarios bajo la supervisión del ingeniero Francisco de Paula García, con la finalidad de tenerla lista para las festividades centenarias del 19 de abril de 1810, que una vez adelantados fue declarada Museo del estado. Al siguiente año el general José Antonio Dávila en reemplazo de Samuel Niño, continuó las labores de remodelación, designando como ingeniero inspector a Juan Antonio Michelena, padre del eximio pintor Arturo Michelena; más adelante tendrá como supervisor de los trabajos al gran artista valenciano Andrés Pérez Mujica, que al fallecer, la continuación de las obras fue encargada a la viuda, una experimentada escultora. Con motivo del sesquicentenario de la Gran batalla de Carabobo la Casa de Páez fue designada “Museo Histórico”, con diversos salones que denotan una época y un estilo, mencionamos: El salón Presidencial, Salón del piano, Salón de las Aguas, el Salón del Sol y de los Amigos, donde se indica la lista de los amigos del “León de Payara”, civiles y militares empezando por el Libertador; también se observan las pinturas que reflejan personajes de la mitología griega: Zeus (Padre de los Dioses), Venus Afrodita (amor y belleza), la Fragua de Vulcano.  La Casa de Páez dispone de una  importante y valiosa biblioteca denominada Dr. Francisco González Guinán. En la fachada se leen algunas inscripciones tales como: “Mi amigo es  mi otro yo”, “Primero olvidarme a mí mismo que a mis amigos” y “sin virtudes non hay Patria” entre otros.  En  abril  de  1936 funcionó como Biblioteca del estado, igualmente como sede de la Escuela de Derecho “Miguel José Sanz”, de la escuela “Bellas Artes, Ballet y Música” e incluso sede de la circunscripción militar. Por decisión del Ejecutivo Nacional en 1960 se entregó en calidad de comodato a la Digna Sociedad Bolivariana de Venezuela- Carabobo; en dicha sede funciona igualmente la Sociedad de Amigos de Valencia. Don Luís Ovalles es el actual Curador, muy preocupado por más de treinta años por el mantenimiento y la difusión de lo que encierra esta histórica casona ubicada en el centro de la ciudad del Cabriales.
(*) Gral. de Bgda.                                                                               eumenes7@gmail.com
 

jueves, 14 de junio de 2012

Historia y Tradición /
 “Carta de la viuda de  Antonio José de Sucre,  al Asesino”
 
Gral.  Eumenes Fuguet Borregales
 
El general en Jefe Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho, “el prócer más puro de la independencia americana” y “El Caballero de la Historia”, cuando se dirigía desde Bogotá a encontrarse con su familia en Quito, fue vilmente asesinado en las montañas de Berruecos al sur de Colombia el 4 de junio de 1830. Deseaba llegar al hogar antes del 13 de junio día de San Antonio, su patrono. Su viuda, Doña Mariana Carcelén y Larrea, Marquesa de Solanda y Villarocha,  nacida en Quito el 27 de Julio de 1805, hija legítima de Felipe de Carcelén y Sánchez de Orellana, Marqués de Solanda y de Villarocha, Teniente de la Cancillería de la Audiencia, Alcalde Ordinario de primer voto del Cabildo de Quito, y de Teresa de Larrea y Jijón, naturales de Quito. Mariana y Sucre casados por poder  el 20 de abril de 1828, justamente a  dos días de haber sido herido  en un atentado en Chuquisaca. En 1829 nace Teresita su única hija. Al enterarse Mariana por parte del fiel ayudante el sargento Lorenzo Caicedo sobre el vil asesinato del “Abel de América”, le escribe una carta al asesino intelectual, el general José María Obando, natural de Pasto-Colombia, con unas sentidas palabras, las cuales por su hondo contenido humano transcribimos a continuación: 
“Estos fúnebres vestidos, este pecho rasgado, el pálido rostro y desgreñado cabello, están indicando tristemente los sentimientos dolorosos que abruman mi alma. 
Ayer esposa envidiable de un héroe, hoy objeto lastimero de conmiseración, nunca existió un mortal más desdichado que yo, no lo dude, hombre execrable: la que te habla es la viuda desafortunada del Gran Mariscal de Ayacucho. Heredero de infamias y delitos, aunque te complazca el crimen, aunque él sea tu hechizo! Dime, desacordado, ¿para saciar tu sed de sangre era menester inmolar a una víctima tan ilustre, una víctima tan inocente?, ¿ninguna otra podía saciar tu saña infernal?  Yo te lo juro, e invoco por testigo el alto cielo.
 “Un corazón más puro y recio que el de Sucre no palpitó en pecho humano”. Unida a él con lazos que solo tú, bárbaro, fuiste capaz de desatar; unida a su memoria por vínculos que tu poder maléfico no alcanza a romper. No conocí en mi esposo sino un carácter elevado y bondadoso, un alma llena de benevolencia y generosidad. Más yo no pretendo hacer aquí una apología del general Sucre; ella está escrita en los fastos gloriosos de la Patria.
 No reclamo su vida, pudiste arrebatarla, pero no restituirla, tampoco busco la represalia. Mal pudiera dirigir el acero vengador la trémula mano de una mujer. Además, el Ser Supremo, cuya sabiduría quiso por sus fines inescrutables consentir en un delito, sabrá exigirte un día cuenta más severa. Mucho menos imploro tu compasión, ella me serviría de un cruel suplicio. Sólo pido que me des las cenizas de tu víctima. Si dejas que ellas se alejen de esas tórridas montañas, lúgubre guarida del crimen y de la muerte y del pestífero influjo de tu presencia, más terrífica todavía que la muerte y el crimen. Tus atrocidades, hombre inhumano, no necesitan nuevos testimonios. En tu frente feroz está impresa con caracteres indelebles la reprobación del Eterno.
 Tu mirada siniestra es el tósigo de la virtud, tu nombre en el epígrafe de la iniquidad y la sangre que enrojece tus manos parricidas, el trofeo de tus delitos, ¿aspiras a más? Cédeme pues los despojos mortales, las tristes reliquias del héroe, del padre y del esposo, y toma en retorno las trémulas imprecaciones de su Patria, de su huérfana y de su viuda”.
El 16 de julio de 1831, Mariana  contrajo nuevo matrimonio con el General Isidoro Barriga y López de Castro, quien fallece en mayo de 1850. La joven viuda del gran mariscal de Ayacucho mantenía correspondencia con el Libertador y con los familiares de “Nuestro ilustre paisano”; Jerónimo la trataba de hermana, por ser lo único que le quedaba de su hermano Antonio. Doña Mariana falleció el 15 de diciembre de 1861 contaba 56 años de edad; fue enterrada en la iglesia del Tejar. En Valencia se  encuentran residenciados distinguidos descendientes de la familia Carcelén, que honran la noble hidalguía y memoria de Doña Mariana

sábado, 2 de junio de 2012

La democracia: avances y retrocesos en nuestros días

En varios países latinoamericanos se está tratando de construir algo que se llama democracia participativa, que es, ni más ni menos, el dar herramientas a los ciudadanos para que puedan participar, de forma efectiva, en la vida social, cultural, económica y política.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

Con frecuencia, los ataques que se dirigen contra los gobiernos progresistas latinoamericanos, específicamente contra Venezuela, Bolivia y Ecuador, esgrimen la idea que se trata de gobiernos autoritarios, antidemocráticos, que solo buscan perpetuarse en el poder a través de artimañas que utilizan un aparato de Estado corrompido o, peor aún, que ellos mismos han corrompido.

Los ataques en esta dirección provienen tanto de gobiernos europeos y del norteamericano, como de organizaciones no gubernamentales (ONGs), generalmente financiadas desde esos mismos países. Desde su perspectiva, el súmmum  del autoritarismo antidemocrático estaría encarnado en el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, aunque no se librarían de esta caracterización los presidentes Rafael Correa y Evo Morales.

Evidentemente, el modelo que se contrapone a estos gobiernos es el de la democracia burguesa en su expresión europea o norteamericana, la cual es entendida, sin cuestionamiento, como el paradigma a seguir en materia de democracia.

La experiencia de los últimos años, sin embargo, nos orienta a pensar que los críticos de los gobiernos progresistas latinoamericanos están tratando de vendernos gato por liebre. O, para utilizar otro dicho popular, se trata de los pájaros tirándole a las escopetas.

Como es sabido, en estos países latinoamericanos se está tratando de construir algo que se llama democracia participativa, que es, ni más ni menos, el dar herramientas a los ciudadanos para que puedan participar, de forma efectiva, en la vida social, cultural, económica y política. Véase que no hemos dicho solamente en la vida política, sino que hemos mencionado también el ámbito de lo económico, lo social y cultural.

La democracia participativa no renuncia, ni mucho menos, a los mecanismos y derechos de la democracia representativa, es decir, aquellos que llevan a elegir representantes en órganos del Estado, como los parlamentos y congresos nacionales y la presidencia de la república. Más bien, en este sentido, el derecho a elegir se ha ampliado a poblaciones a los que se les ha regateado este derecho, como los ciudadanos establecidos en otros países, es decir, que residen fuera de las fronteras.

Pero, además, se ha entendido que la participación activa popular no puede limitarse a eso. Por ello, se han hecho importantes reformas constitucionales para asegurar que la ciudadanía pueda ejercer el control político, proponer leyes, mecanismos de cogestión, revocar mandatos y leyes, convocar a referéndum y dar autonomía a poblaciones hasta ahora marginadas como las indígenas. A todas estas transformaciones de las cartas fundamentales de estos países, que traen aparejados cambios importantes en la forma de entender la democracia, Carol Proner le ha llamado constitucionalismo emancipatorio. Es la democracia participativa entendida como “devolución” del poder a la ciudadanía que genera un creciente protagonismo del sujeto o actor social.

En Europa, mientras tanto, el sitio desde el cual parten las admoniciones por el mal comportamiento latinoamericano, se desencadenan verdaderas intervenciones antidemocráticas y supranacionales en el margo de la crisis a la que se encuentra enfrentada. En Grecia, la Unión Europea  casi lapida a George Papandreu en noviembre de 2011, cuando propuso someter a referéndum el llamado plan anti crisis al que se vería sometido el país. En Italia, Silvio Berlusconi, quien como gato panza arriba había resistido todos los embates de sus congéneres políticos nacionales durante varios años, no duró ni 24 horas en el cargo de Primer Ministro y fue sustituido por un gabinete de tecnócratas. España pasa hoy por una situación bastante similar: se encuentra intervenida de hecho y constantemente es regañada por los organismos supranacionales europeos o los organismos financieros internacionales por no hacer el ajuste con mayor rigor aún.

¿Son estos los que pretenden erigirse como modelos de democracia?

martes, 15 de mayo de 2012


Sucre... precursor del derecho humanitario internacional   Eumenes Fuguet Borregales


El general en jefe Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho, en su corta pero fructífera vida de apenas 35 años, dejó para sí y para la posteridad varias denominaciones, tales como: El Abel de América, el Prócer más puro de la independencia americana, el Pionero de la Ingeniería Militar de Venezuela, el representante de la juventud venezolana, el primero en aplicar el Principio de Autodeterminación de los pueblos, el Caballero de la Historia y para este tema el Precursor del Derecho Humanitario Internacional. Al retroceder las páginas de nuestra historia, estudiamos que Bolívar durante el desarrollo de la Campaña Admirable iniciada en Cúcuta el 14 de mayo de 1813, a su paso por Trujillo, el 15 de junio emite su proclama de Guerra a Muerte, a causa de las violaciones del Derecho de Gentes y capitulaciones por parte de Monteverde, Zerbéris, Antoñanzas y Tízcar, entre otros jefes que imponían el régimen del terror por parte del ejército realista. 

El 1ro de enero de 1820, España se ve sacudida por el alzamiento en Cádiz de los comandantes Rafael Riego y Antonio Quiroga, quienes obligaron al rey Fernando VII acatar la Constitución de 1812, situación política que no le permitieron enviar a América, un contingente de veinte mil soldados para reforzar las disminuidas tropas que llegaron en abril de 1815 con el general Pablo Morillo, éste tuvo que buscar un entendimiento de paz con Bolívar, para dar tiempo a la solución del conflicto en España. Siete años después, precisamente en Trujillo, se realizaron las conversaciones y discusiones a partir del 21 de noviembre de 1820, para concretar los Tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra; el jefe realista Morillo, había designado como emisarios al general Ramón Correa, a Juan Rodríguez del Toro y a Francisco Linares González; el Libertador designó al general de brigada de 25 años Antonio José de Sucre, al coronel Pedro Briceño Méndez y al teniente coronel José Gabriel Pérez; los Tratados fueron ratificados por Bolívar y Morillo el 27 de noviembre, los cuales sellaron con un fuerte abrazo en Santa Ana de Trujillo. Sucre puso de manifiesto su magnanimidad y diplomacia para llevar a feliz término estas importantes deliberaciones que permitieron humanizar la beligerancia, permitir el canje de prisioneros, no llevar los conflictos bélicos a las poblaciones, rendirle honores a los fallecidos y la atención de los heridos en combate, los cuales no se deben considerar como prisioneros de guerra. A la única persona a quien el Libertador le escribió una biografía fue a Sucre en febrero de 1825, documento denominado “Resumen sucinto de la vida del general Sucre”, refiriéndose a esta actividad dijo: “Este Tratado es digno del alma de Sucre, él será eterno como el más grande monumento de la piedad aplicado a la guerra”. 

Con los tratados de Trujillo, Sucre se adelanta 43 años a la creación del Comité Internacional Cruz Roja y 44 años a los Tratados de Ginebra. Continuando la gesta emancipadora, Sucre logra en Pichincha “Cima de la Libertad”, el 24 de mayo de 1822 un resonante triunfo contra las fuerzas realistas del general Melchor Aymerich, a quien le ofrece en el fuerte Panecillo una honrosa capitulación, aplicando su doctrina de “Gloria al vencedor, honor al vencido”. En Ayacucho, “Cumbre de la gloria americana”, derrota con su talento y estrategia el 9 de diciembre de 1824 al invicto ejército realista, ofreciendo en el mismo campo de batalla al general José de Canterac, representando al Virrey José La Serna, herido en la acción militar, vencido mas no humillado, una capitulación, que a juicio de los historiadores internacionales, es “la más honrosa que se conozca en los anales de la humanidad”; por cierto Canterac cuando estuvo en Venezuela a las órdenes de Morillo, ordenó fusilar en Cariaco en 1817 a Francisco, un joven capitán hermano del futuro Gran Mariscal de Ayacucho. Nuestro ilustre cumanés, no hacía el bien por capricho, sino porque le era imposible actuar de otra manera, su doctrina estipulaba que “la victoria no concede privilegios”. Luego de triunfar el 29 de febrero de 1829 en Tarqui contra la insensata invasión del Perú a Ecuador; en la población de Girón emite el 1ro de marzo con su carácter humanitario el “Convenio de Girón”. Durante la realización del Congreso Internacional de Historia realizado en 1980 en la ciudad de Bucarest, a proposición del eminente abogado ecuatoriano Jorge Salvador Lara, Sucre fue designado por unanimidad “Precursor del Derecho Humanitario Internacional”. Razón tenía doña Mariana Carcelén y Larrea, viuda de nuestro paisano cuando dijo: “Corazón más puro que el de Sucre, no ha palpitado en pecho alguno”

lunes, 7 de mayo de 2012

Sebastian Francisco "Libertad" Miranda



Historia y Tradición
SEBASTIÁN FRANCISCO “LIBERTAD” MIRANDA
Eumenes Fuguet Borregales (*)
El 28 de marzo se conmemora un nuevo aniversario del natalicio del paisano más universal, primer general en jefe de nuestra Venezuela Heroica; único militar en el mundo que ha luchado en tres continentes; precursor del derecho al voto de la mujer; precursor de la Reforma Agraria y de las condecoraciones en Venezuela, su presencia en bronce en Valmy, con la inscripción de “Miranda Libertador de Francia”; su retrato en el palacio de Versalles, único americano cuyo nombre está inscrito en el Arco de triunfo de París desde 1834.
Primer americano con amplia visión de independencia e integración, estuvo presente en las tres grandes revoluciones de su época, es decir: la norteamericana, la francesa y la hispanoamericana; periodista, políglota, poseedor de una de las bibliotecas más completas en su tiempo.
Miranda trajo la primera imprenta, fue pianista, violinista, compositor, perseverante en sus ideas y gran soñador. En la búsqueda de la libertad visitó palacios y también prisiones; es el padre indiscutible de la masonería hispano americana.
El origen canario de su padre don Sebastián, lo colocaba en desventaja ante los españoles peninsulares, por eso, después de haber recibido una esmerada educación en la Universidad de Caracas, en 1771, a los 21 años se trasladó hacia la metrópoli, donde compró por 85.000 reales de vellón el grado de capitán y designado al regimiento de la Princesa para cumplir en diciembre de 1774 operaciones en Melilla, al Norte de África, contra los moros; allí recibió su bautizo de fuego.
El año 1780 siguió hacia La Habana; en 1781 fue enviado a la Florida donde participó en la recuperación de la región de Pensacola en posesión de los ingleses. Por su valor fue ascendido a teniente coronel. En Pensacola le vino a la mente la concepción de formar una gran nación llamada Colombeia, en homenaje al descubridor.
En Norteamérica entabló amistad con George Washington, Samuel Adams y Manuel Lafayette. En diciembre de 1784 se dirigió a Inglaterra para solicitar apoyo para su afán de emancipar al nuevo continente; hablaba seis idiomas y traducía del latín y griego.
Leía a los principales filósofos de la época. Cual Quijote buscando molinos, recorrió en Europa más de cien ciudades, llevaba un minucioso diario donde anotaba las impresiones que observaba en los hospitales, museos, cárceles y bibliotecas, En febrero de 1787 conoció a la reina Catalina de Rusia quien lo autorizó colocarse el uniforme de coronel del regimiento de coraceros.
En 1792 se incorporó a la revolución francesa, su férrea voluntad le permitió ser ascendido a mariscal de campo; en Valmy, mereció el grado de general de los ejércitos franceses. En 1795 conoció a Napoleón Bonaparte con quien cenó y recibió la siguiente expresión: “Miranda lleva el fuego sagrado en el alma”.
En 1798 fundó en su casa de Londres la Logia Gran Reunión Americana, cuna de las futuras logias Racionales y Lautarinas. En 1800 vivió en Londres con su ama de llaves Sarah Andrews, con quien tuvo a Leandro y Francisco. Antes de viajar en su afán emancipador, redactó su testamento donde dejó sus clásicos a la Universidad de Caracas, “Siempre que se haga independiente”.
El 2 de septiembre se trasladó a Norteamérica, donde pudo adquirir y apertrechar una corbeta a la que le puso el nombre de Leander. Zarpó de Nueva York el 2 de febrero de 1806, en el puerto de Jacmel en Haití se le unieron las goletas Bee y Bachus; el 12 de marzo, al amanecer, izó la bandera tricolor; también izó la insignia de: “Muera la tiranía y viva la libertad”.
El 24 de marzo juramentó a la tripulación de unos doscientos expedicionarios, quienes zarparon ese día, en busca de la ansiada libertad. Las goletas Bee y Bachus fueron avistadas y capturadas el 28 frente a Ocumare de la Costa; Miranda con mejor suerte pudo escapar hacia Trinidad, donde consiguió apoyo para navegar a la Vela de Coro, allí colocó el 3 de agosto de 1806 la bandera en el fortín San Pedro; la cual flameó victoriosa por primera vez en tierra firme.
El día 4 Miranda llegó a Coro; la población había desocupado la ciudad y huido hacia las montañas; Miranda colocó la bandera de la redención en la iglesia parroquial, hoy Catedral. Nuestro Precursor llevaba en su mente y corazón un pensamiento de Miguel de Cervantes y Saavedra, autor de “Don Quijote de la Mancha”:
“Fuerte cosa es hacer esclavo a quien Dios y la naturaleza hicieron libre”.

Historia y Tradición
EL PRIMER BOLÍVAR NACIDO EN AMÉRICA
Eumenes Fuguet Borregales (*)
En la ascendencia de nuestro Libertador encontramos común el nombre de Simón, así se llamó su quinto abuelo paterno; el primer Bolívar que llegó al continente americano había nacido en la puebla de Bolíbar, Villa de Marquina, en Vizcaya, en 1532, conocido por la historia como Simón “El Viejo”. Llegó a la isla de Santo Domingo en 1559, donde casó con la dominicana Ana Hernández de Castro; de esa unión nació en 1569 Simón Bolívar de Castro, conocido como “El Mozo”, cuarto abuelo y primer Bolívar nacido en América.
Simón “El Viejo” se caracterizó por sus dotes de buen administrador y excelente calígrafo, durante 30 años se desempeñó como escribano público del cabildo y secretario de la Real Audiencia de Indias; llegó a Venezuela en 1588, contratado como secretario y luego designado Procurador de la Provincia; logró por primera vez que Venezuela exportara mercancías a España en forma legal; igualmente, cambió la segunda “B” del apellido por la “V”, tal como actualmente se escribe.
También obtuvo permiso de España para que se instalara en 1589 por primera vez en Venezuela el Seminario Tridentino de Santa Rosa, núcleo de la Real y Pontificia Universidad de Caracas, fundada por el rey Felipe V el 22 de diciembre de 1721; desde el 24 de junio de  1827, por disposición de nuestro Libertador, se denominó Universidad Central de Venezuela, teniendo como primer Rector al sabio José María Vargas. Igualmente, logró que Caracas fuera la capital de la Provincia de Venezuela; al quedar viudo, casó de nuevo en septiembre de 1600 con María Luyando, sin  dejar descendencia.
Simón “El Mozo” contrajo nupcias en 1592 con Beatriz, la hija mayor de Ana Rojas y del conquistador Alonso Díaz Moreno, natural de Olalla-España, fundador de LA NUEVA VALENCIA DEL REY; con Beatriz nacieron Luisa (1592) y Antonio (1596), tatarabuelos paternos, PRIMEROS DEL APELLIDO BOLIVAR QUE NACIERON EN VENEZUELA.
Simón “El Mozo” consolidó económicamente la hacienda-ingenio San Mateo, una de las principales de Venezuela; fue un defensor de los indígenas. Al fallecer Beatriz, Simón ingresó en la vida eclesiástica; ejerciendo estas nobles funciones fue designado comisionado del Santo Oficio en VALENCIA y Visitador General de Obispado, con la responsabilidad de fijar las construcciones de los templos en los Valles de Aragua.
Antonio fue capitán de Milicias y cumplió importantes funciones, tales como alcalde de Caracas; casó en 1622 con Leonor de Rebolledo, de cuya unión nació en 1627 Luís, bisabuelo paterno; dedicado a las milicias, ocupó en Caracas importantes cargos administrativos.
Luís casó con María Martínez de Villegas y Ladrón de Guevara, de cuya unión nació en San Mateo en 1665 Juan, abuelo paterno, quien fundó en 1717 La Villa de San Luís de Cura, hoy Villa de Cura; Juan se había casado en segundas nupcias en 1711 con María Petronila Ponte de Marín y Narváez, hija de María Josefa Marín de Narváez, madre natural reconocida, quien heredó de su padre, el capitán español Francisco Marín de Narváez, las ricas minas de cobre ubicada en Aroa y la Casa Natal en Caracas, las cuales pasaron a la familia Bolívar.
La Casa Natal fue vendida en junio de 1806 a Juan de la Madrid y las minas, uno de los pocos bienes que le quedaban a nuestro Libertador en el momento de elaborar su testamento  el 10 de diciembre de 1830  en Santa Marta; los otros bienes se utilizaron en la lucha emancipadora; las minas fueron vendidas por Antonia Bolívar en 1831 a unos ingleses. Juan y Petronila procrearon en 1727 en la población de La Victoria a Juan Vicente, quien casó en 1773 con María de la Concepción Palacios Blanco, padres del más grande hombre nacido en la América: Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios, padre de un manojo de seis naciones.
(*) Gral. de Bgda                                                                                          eumenes7@gmail.com

miércoles, 11 de abril de 2012

Fernando Peñalver

Fernando Peñalver 
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Historia y Tradición
Fernando Peñalver, primer gobernador del Edo. Carabobo 
Eumenes Fuguet Borregales (*)
El Dr. Fernando Peñalver, carabobeño de corazón, nació en la población de Píritu, provincia de Barcelona en 1765, del matrimonio de Pedro Peñalver, comerciante y Francisca Luisa Pellón. Recibió una esmerada educación formativa, dominaba el inglés y el francés  En 1800 se traslada a Valencia dedicándose  al comercio y a la agricultura. El 21 de abril llega a la ciudad del Cabriales el eco del 19 de abril caraqueño, logra que el ayuntamiento lo reconociese y se adhiera al movimiento; será designado representante del partido capitular de Valencia ante el Congreso Constituyente de 1811, elocuentes sus palabras durante la discusión por la declaración de la independencia: “Un pueblo para ser libre, basta que quiera serlo”. Fue signatario del Acta de Independencia, así como de la Constitución Federal, primera de Venezuela e Hispano América. Peñalver ocupó el cargo de presidente del Congreso en 1812; durante su permanencia en Caracas logra la amistad y confianza del futuro Libertador. Una vez  firmada la capitulación de Miranda ante Monteverde el 25 de julio de 1812, Peñalver y otros  afectos a la vida republicana, son  enviados prisioneros a las bóvedas de la fortaleza de San Carlos de La Guaira y luego al castillo San Felipe de Puerto Cabello, de donde fue liberado  por sobreseimiento real a mediados de 1813. Peñalver acompaña a Bolívar hasta Caracas  y asesora hasta julio de 1814, cuando obligados por la eminente presencia de Boves obliga  abandonar Caracas en la Emigración  a Oriente. Con  mejor suerte pudo emigrar a  Saint Thomas y Trinidad con  penurias económicas pero con el ánimo en alto. Mantenía comunicación epistolar con el Libertador; en Trinidad contrae matrimonio  con su sobrina Juana. En 1817 la exitosa Campaña de Guayana le abre las puertas. Bolívar le escribió el 1ro de septiembre: “negocie en las Antillas una imprenta, porque ella es tan  útil como los pertrechos y es la artillería del pensamiento. La imprenta tuvo costo de 2.200 pesos, cancelados con mulas a 45 pesos cada una; el taller  fue instalado en la Casa N° 83 de la Calle Muralla de Angostura propiedad de José Luis Cornieles, concejal de la ciudad; imprenta utilizada en el Correo del Orinoco a partir del 27 de junio de 1818. Hasta comienzos de 1819 Peñalver se desempeña como Intendente y Consejero de Estado. También colabora en la redacción  del Correo del Orinoco; reorganiza la Hacienda Nacional y participa en la comisión que elabora el reglamento de elecciones para el Congreso Nacional. Peñalver asistió como Diputado al segundo Congreso instalado en Angostura por Bolívar el 15 de  febrero de 1819. En julio es enviado en misión diplomática a Londres con el general José María Vergara, durante  ocho meses.  A mediados de 1820 regresa a  Angostura,  preside el Congreso cuando éste se reinstaló por unos días en julio de ese año. En 1821 es elegido diputado por Cumaná al Congreso de Cúcuta, Peñalver tuvo  destacada participación en la redacción de la Constitución Gran Colombiana; luego es  designado  director  General de Rentas de Venezuela. Tras enviudar, en 1823 renuncia al cargo para radicarse en Valencia con su pequeña hija María Francisca y su sobrino Martín también huérfano. Aunque fue elegido senador por el Departamento del Orinoco no asistió a las sesiones del Congreso reunido en Bogotá en 1823, en mayo del año siguiente renunció a la investidura parlamentaria. En octubre de 1824 el vicepresidente Francisco de Paula Santander lo nombró gobernador interino de la nueva provincia de Carabobo, cuya capital era Valencia, y en febrero de 1825 fue ratificado en ese cargo como titular hasta 1826; es el primer gobernador del estado Carabobo. Se encontraba ejerciendo sus funciones gubernamentales cuando  a fines de abril de 1826, se  presenta el movimiento separatista conocido como La Cosiata, al cual se opuso sin éxito. Después de restablecerse la paz en Venezuela a comienzos de 1827, Peñalver continuó colaborando con Bolívar, pero sin ejercer funciones públicas. En 1828 fue elegido diputado por Cumaná ante la Convención de Ocaña; enferma en el trayecto, por lo que decidió regresar a Valencia. A partir de este momento se apartó de la vida pública, aunque en octubre de 1830 el Congreso Constituyente reunido en Valencia lo designó Consejero de Estado y posteriormente fue electo senador. Fallece este esclarecido servidor de la República el 7 de mayo de 1837, contaba setenta y dos años; sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 3 de julio de 1896.
(*) Gral. de Bgda.                                                                                               eumenes7@gmail.com
                                                                                                                                       @ Eumenesfuguet