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Golpe de
Estado en la Sociedad Bolivariana
Luis Barragán Festejamos al Bolívar de nuestra intensa e incólume escolaridad, sobreviviente el concebido y explotado por Guzmán Blanco y López Contreras a todas las vicisitudes del pensamiento y de la práctica política venezolanas, hasta llegar exhausto a las manos del más insigne de sus caletreros. En clave telenovelística, es el héroe incomprendido y rechazado de todos los manuales, compendios, guías y disertaciones del aula que, junto a un celebérrimo álbum de barajitas de los sesenta, lo retrataron como la víctima privilegiada de toda nuestra maldad e ingratitud, proyectada y viviente a lo largo de una historia que él mismo, obviamente, desconoció. El sentido y sentimiento de identidad, desde un primer instante, se hizo de su nombre como el demiurgo de todas las cosas habidas y por haber, incluyendo nuestra existencia sobre la misma faz de la tierra. Atascados en el período natural e inicial de formación, prolongamos de tal manera el culto que nos equipó de este maniqueísmo radical para juzgar el pasado y sus actores, legitimándolo con el presente, como si todo fuese obra de las incontenibles perfidias personales o del bajo cabotaje de los instintos. Lo peor es que, impregnado del romanticismo que hace trizas Jacinto Pérez Arcay, criminalmente descontextualizado, el discurso del poder establecido ha anegado todas las calles de nuestra consciencia colectiva, para convertir a Bolívar en un generoso dispositivo preventivo: nadie debe atreverse a impugnar a Chávez Frías, porque lo haría con el propio Bolívar, y viceversa. Vale decir, opera un descomunal chantaje que suele caricaturizar el debate actual sobre las realidades que nos agobian, por obra de una inescrupulosa maquinaria propagandística y publicitaria, quedando intacta la retórica decimonónica que lo ha sepultado como a Martí en Cuba. Calculada jugada, espectaculariza al caraqueño y, después de hurgar en sus restos mortales, nos brinda el tubazo de un rostro que antes pudo entretener a la academia, al igual que un mausoleo aceleradamente construido, indiferente a los entornos, presto a la no menos jugosa y desconocida transformación revolucionaria de la ciudad. Sin dudas, es parte del librero de la campaña electoral que, curiosamente, fuerza a la búsqueda de la mayor semejanza posible del candidato opositor, añadida la sangre, con el hijo de María de la Concepción. Digamos que, por lo menos, Luis Villalba Villalba promovía sus actividades, conjugaba su devoción, enfatizaba el culto, sin hacerle daño a nadie. Y es que, en última instancia, relegada y absorbida, careciendo de un objeto que le fuese exclusivamente reconocido, a la postre, el golpe de Estado lo ha dado Chávez Frías a la Sociedad Bolivariana de Venezuela, convirtiéndose en su mandamás como nunca lo soñaron propios y extraños. Prefiero celebrar al Bolívar de nuestra profunda admiración de infancia, descubierto a mediados de los ochenta a través de Gehard Masur, por ejemplo, y las razones que lo llevaron a abandonar a Puerto Cabello en las agonías de la primera república; al que trabajó Miguel Acosta Saignes, Aníbal Romero, y maduró desde su juventud José Rodríguez Iturbe; al más reciente, surcando las páginas de Giovanni Mesa sobre Miranda; o al que subraya Frédérick Encel como un gran táctico militar. Lejos de demeritarlo, lo explican a través de las realidades de su tiempo, como deseamos hacerlo con el nuestro, sin presumirlo precursor de internet, de la biotecnología, del PSUV, COPEI, AD u otras entidades que se nos antojen. En fin, celebramos al Bolívar que jamás proyectó que los ascensos militares fuesen de única incumbencia del comandante en jefe de la institución armada, como tampoco querría que sus intimidades fuesen objeto de un culto que casi convierte a Manuelita, ocultando a Pepita, en un capítulo adicional de Master y Johnson. Ha sido tan grande la mezcla, como estrambótica la mirada, manipulado hasta el hartazgo, que el régimen reduce al absurdo todo lo que concierne al inevitable político que fue, por oficio y vocación, aunque permitiéndonos también contar con los Germán Carrera Damas, Yolanda Salas o Luis Castro Leiva de los tormentos presidenciales de la hora. Ilustración: LB
Publicado
por Luis
Barragán, apuntística en 09:31
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miércoles, 25 de julio de 2012
Golpe de Estado en la Sociedad Bolivariana Luis Barragán
miércoles, 20 de junio de 2012
Historia y Tradición
Casa del
General Páez en Valencia
Eumenes
Fuguet Borregales (*)
El general en jefe José Antonio Páez,
héroe de la batalla de Carabobo, tuvo una especial deferencia con Valencia a
partir de su triunfante ingreso a la ciudad al lado del Libertador, luego de
realizar el magno combate el 24 de junio de 1821, que le mereció el máximo
ascenso en el mismo campo de batalla. Adquiere en 1822 la residencia ubicada en
la avenida Boyacá con calle Páez, a poca distancia de la Plaza Bolívar; será la
preferida de las tantas residencias que logró poseer en Caracas, Maracay y
Puerto Cabello. Entre 1822 y 1830 la vetusta edificación fue remodelada por
parte de los mejores maestros de obras. Páez desarrolló numerosas actividades
de índole artística, acompañado de la sociedad valenciana, que acudía a
escuchar sus interpretaciones como barítono y a su pareja sentimental Barbarita
Nieves como soprano. “El Centauro” deleitaba a
los asiduos visitantes con el piano, violín inclusive con el violoncelo.
En ocasiones presentaba obras de teatro donde algunos protagonistas fueron sus
compañeros en la lucha emancipadora. Las tertulias que se realizaban con frecuencia
contaron con significativa asistencia. El conocido pintor Pedro Castillo (1790-1858),
abuelo de Arturo Michelena, realizó en los amplios corredores, nueve grandes
murales de las acciones militares de alto valor histórico, donde participó “el Taita”, quien le describía al
artista con lujo de detalles sus vivencias
épicas que lo inmortalizaron. La casona sirvió luego de cuartel de
policía; el visitante podrá apreciar cerca del frondoso árbol de mango, al
fondo de la residencia, un sótano utilizado como calabozo en tiempos de Gómez;
anteriormente estuvo destinado como depósito de alimentos; en ese lugar se
exponen armas, lanzas, bayonetas, vajillas y utensilios del siglo XIX, también
se observará un pequeño espacio cercano al sótano donde se torturaba a los presidiarios. Fallecido Páez
en Nueva York el 6 de mayo de 1873, la casona quedó en manos de la viuda Doña Dominga Ortíz, quien la vendió a Don
José Arroyal. El doctor Samuel Eugenio Niño, Presidente (Gobernador) del estado
Carabobo por instrucciones del Gral. Gómez, compró la casona el 15 de mayo de
1908 a la sucesión Arroyal por la cantidad de veinte mil bolívares, ordena los
trabajos necesarios bajo la supervisión del ingeniero Francisco de Paula García,
con la finalidad de tenerla lista para las festividades centenarias del 19 de
abril de 1810, que una vez adelantados fue declarada Museo del estado. Al siguiente año el general José Antonio Dávila
en reemplazo de Samuel Niño, continuó las labores de remodelación, designando
como ingeniero inspector a Juan Antonio Michelena, padre del eximio pintor
Arturo Michelena; más adelante tendrá como supervisor de los trabajos al gran
artista valenciano Andrés Pérez Mujica, que al fallecer, la continuación de las
obras fue encargada a la viuda, una experimentada escultora. Con motivo del sesquicentenario de la Gran batalla de Carabobo la
Casa de Páez fue designada “Museo Histórico”, con diversos salones
que denotan una época y un estilo, mencionamos: El salón Presidencial, Salón
del piano, Salón de las Aguas, el Salón del Sol y de los Amigos, donde se
indica la lista de los amigos del “León de Payara”, civiles y militares
empezando por el Libertador; también se observan las pinturas que reflejan
personajes de la mitología griega: Zeus (Padre de los Dioses), Venus Afrodita
(amor y belleza), la Fragua de Vulcano. La Casa de Páez dispone de una importante y valiosa biblioteca denominada
Dr. Francisco González Guinán. En la fachada se leen algunas inscripciones
tales como: “Mi amigo es mi otro yo”, “Primero olvidarme a mí mismo que a mis amigos” y “sin virtudes non hay Patria” entre
otros. En abril
de 1936 funcionó como Biblioteca
del estado, igualmente como sede de la Escuela de Derecho “Miguel José Sanz”,
de la escuela “Bellas Artes, Ballet y Música” e incluso sede de la
circunscripción militar. Por decisión del Ejecutivo Nacional en 1960 se entregó
en calidad de comodato a la Digna Sociedad Bolivariana de Venezuela- Carabobo;
en dicha sede funciona igualmente la Sociedad de Amigos de Valencia. Don Luís Ovalles
es el actual Curador, muy preocupado por más de treinta años por el
mantenimiento y la difusión de lo que encierra esta histórica casona ubicada en
el centro de la ciudad del Cabriales.
(*) Gral. de
Bgda.
eumenes7@gmail.com
jueves, 14 de junio de 2012
Historia y Tradición /
“Carta de la viuda de Antonio José de Sucre, al Asesino”
Gral. Eumenes Fuguet Borregales
El general en Jefe
Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho, “el prócer más puro de
la independencia americana” y “El Caballero de la Historia”, cuando se
dirigía desde Bogotá a encontrarse con su familia en Quito, fue vilmente
asesinado en las montañas de Berruecos al sur de Colombia el 4 de junio
de 1830. Deseaba llegar al hogar antes del 13 de junio día de San
Antonio, su patrono. Su viuda, Doña Mariana Carcelén y Larrea, Marquesa
de Solanda y Villarocha, nacida en Quito el 27 de Julio de 1805, hija
legítima de Felipe de Carcelén y Sánchez de Orellana, Marqués de Solanda
y de Villarocha, Teniente de la Cancillería de la Audiencia, Alcalde
Ordinario de primer voto del Cabildo de Quito, y de Teresa de Larrea y
Jijón, naturales de Quito. Mariana y Sucre casados por poder el 20 de
abril de 1828, justamente a dos días de haber sido herido en un
atentado en Chuquisaca. En 1829 nace Teresita su única hija. Al
enterarse Mariana por parte del fiel ayudante el sargento Lorenzo
Caicedo sobre el vil asesinato del “Abel de América”, le escribe una
carta al asesino intelectual, el general José María Obando, natural de
Pasto-Colombia, con unas sentidas palabras, las cuales por su hondo
contenido humano transcribimos a continuación:
“Estos fúnebres vestidos, este pecho rasgado, el
pálido rostro y desgreñado cabello, están indicando tristemente los
sentimientos dolorosos que abruman mi alma.
Ayer
esposa envidiable de un héroe, hoy objeto lastimero de conmiseración,
nunca existió un mortal más desdichado que yo, no lo dude, hombre
execrable: la que te habla es la viuda desafortunada del Gran Mariscal
de Ayacucho. Heredero de infamias y delitos, aunque te complazca el
crimen, aunque él sea tu hechizo! Dime, desacordado, ¿para saciar tu sed
de sangre era menester inmolar a una víctima tan ilustre, una víctima
tan inocente?, ¿ninguna otra podía saciar tu saña infernal? Yo te lo
juro, e invoco por testigo el alto cielo.
“Un corazón más puro y recio que el de Sucre no
palpitó en pecho humano”. Unida a él con lazos que solo tú, bárbaro,
fuiste capaz de desatar; unida a su memoria por vínculos que tu poder
maléfico no alcanza a romper. No conocí en mi esposo sino un carácter
elevado y bondadoso, un alma llena de benevolencia y generosidad. Más yo
no pretendo hacer aquí una apología del general Sucre; ella está
escrita en los fastos gloriosos de la Patria.
No reclamo su vida, pudiste arrebatarla, pero no
restituirla, tampoco busco la represalia. Mal pudiera dirigir el acero
vengador la trémula mano de una mujer. Además, el Ser Supremo, cuya
sabiduría quiso por sus fines inescrutables consentir en un delito,
sabrá exigirte un día cuenta más severa. Mucho menos imploro tu
compasión, ella me serviría de un cruel suplicio. Sólo pido que me des
las cenizas de tu víctima. Si dejas que ellas se alejen de esas tórridas
montañas, lúgubre guarida del crimen y de la muerte y del pestífero
influjo de tu presencia, más terrífica todavía que la muerte y el
crimen. Tus atrocidades, hombre inhumano, no necesitan nuevos
testimonios. En tu frente feroz está impresa con caracteres indelebles
la reprobación del Eterno.
Tu mirada siniestra es el tósigo de la virtud, tu
nombre en el epígrafe de la iniquidad y la sangre que enrojece tus manos
parricidas, el trofeo de tus delitos, ¿aspiras a más? Cédeme pues los
despojos mortales, las tristes reliquias del héroe, del padre y del
esposo, y toma en retorno las trémulas imprecaciones de su Patria, de su
huérfana y de su viuda”.
El 16 de julio de 1831, Mariana contrajo nuevo
matrimonio con el General Isidoro Barriga y López de Castro, quien
fallece en mayo de 1850. La joven viuda del gran mariscal de Ayacucho
mantenía correspondencia con el Libertador y con los familiares de
“Nuestro ilustre paisano”; Jerónimo la trataba de hermana, por ser lo
único que le quedaba de su hermano Antonio. Doña Mariana falleció el 15
de diciembre de 1861 contaba 56 años de edad; fue enterrada en la
iglesia del Tejar. En Valencia se encuentran residenciados distinguidos
descendientes de la familia Carcelén, que honran la noble hidalguía y
memoria de Doña Mariana
sábado, 2 de junio de 2012
La democracia: avances y retrocesos en nuestros días
En varios países latinoamericanos se
está tratando de construir algo que se llama democracia participativa, que es,
ni más ni menos, el dar herramientas a los ciudadanos para que puedan
participar, de forma efectiva, en la vida social, cultural, económica y
política.
Rafael
Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica
Los ataques en esta dirección provienen
tanto de gobiernos europeos y del norteamericano, como de organizaciones no
gubernamentales (ONGs), generalmente financiadas desde esos mismos países. Desde su perspectiva, el súmmum del autoritarismo antidemocrático estaría
encarnado en el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, aunque no se librarían de
esta caracterización los presidentes Rafael Correa y Evo Morales.
Evidentemente, el modelo que se
contrapone a estos gobiernos es el de la democracia burguesa en su expresión
europea o norteamericana, la cual es entendida, sin cuestionamiento, como el
paradigma a seguir en materia de democracia.
La experiencia de los últimos años, sin
embargo, nos orienta a pensar que los críticos de los gobiernos progresistas
latinoamericanos están tratando de vendernos gato por liebre. O, para utilizar
otro dicho popular, se trata de los pájaros tirándole a las escopetas.
Como es sabido, en estos países
latinoamericanos se está tratando de construir algo que se llama democracia participativa, que es, ni más
ni menos, el dar herramientas a los ciudadanos para que puedan participar, de
forma efectiva, en la vida social, cultural, económica y política. Véase que no
hemos dicho solamente en la vida política, sino que hemos mencionado también el
ámbito de lo económico, lo social y cultural.
La democracia participativa no renuncia,
ni mucho menos, a los mecanismos y derechos de la democracia representativa, es
decir, aquellos que llevan a elegir representantes en órganos del Estado, como
los parlamentos y congresos nacionales y la presidencia de la república. Más
bien, en este sentido, el derecho a elegir se ha ampliado a poblaciones a los
que se les ha regateado este derecho, como los ciudadanos establecidos en otros
países, es decir, que residen fuera de las fronteras.
Pero, además, se ha entendido que la
participación activa popular no puede limitarse a eso. Por ello, se han hecho
importantes reformas constitucionales para asegurar que la ciudadanía pueda ejercer
el control político, proponer leyes, mecanismos de cogestión, revocar mandatos
y leyes, convocar a referéndum y dar autonomía a poblaciones hasta ahora
marginadas como las indígenas. A todas estas transformaciones de las cartas
fundamentales de estos países, que traen aparejados cambios importantes en la
forma de entender la democracia, Carol Proner le ha llamado constitucionalismo emancipatorio. Es la
democracia participativa entendida como “devolución” del poder a la ciudadanía
que genera un creciente protagonismo del sujeto o actor social.
En Europa, mientras tanto, el sitio
desde el cual parten las admoniciones por el mal comportamiento
latinoamericano, se desencadenan verdaderas intervenciones antidemocráticas y
supranacionales en el margo de la crisis a la que se encuentra enfrentada. En
Grecia, la Unión Europea casi lapida a
George Papandreu en noviembre de 2011, cuando propuso someter a referéndum el
llamado plan anti crisis al que se vería sometido el país. En Italia, Silvio
Berlusconi, quien como gato panza arriba había resistido todos los embates de
sus congéneres políticos nacionales durante varios años, no duró ni 24 horas en
el cargo de Primer Ministro y fue sustituido por un gabinete de tecnócratas.
España pasa hoy por una situación bastante similar: se encuentra intervenida de
hecho y constantemente es regañada por los organismos supranacionales europeos
o los organismos financieros internacionales por no hacer el ajuste con mayor
rigor aún.
¿Son estos los que pretenden erigirse
como modelos de democracia?
martes, 15 de mayo de 2012
Sucre... precursor del derecho humanitario internacional Eumenes Fuguet Borregales
El general en jefe Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho, en su corta pero fructífera vida de apenas 35 años, dejó para sí y para la posteridad varias denominaciones, tales como: El Abel de América, el Prócer más puro de la independencia americana, el Pionero de la Ingeniería Militar de Venezuela, el representante de la juventud venezolana, el primero en aplicar el Principio de Autodeterminación de los pueblos, el Caballero de la Historia y para este tema el Precursor del Derecho Humanitario Internacional. Al retroceder las páginas de nuestra historia, estudiamos que Bolívar durante el desarrollo de la Campaña Admirable iniciada en Cúcuta el 14 de mayo de 1813, a su paso por Trujillo, el 15 de junio emite su proclama de Guerra a Muerte, a causa de las violaciones del Derecho de Gentes y capitulaciones por parte de Monteverde, Zerbéris, Antoñanzas y Tízcar, entre otros jefes que imponían el régimen del terror por parte del ejército realista.
El 1ro de enero de 1820, España se ve sacudida por el alzamiento en Cádiz de los comandantes Rafael Riego y Antonio Quiroga, quienes obligaron al rey Fernando VII acatar la Constitución de 1812, situación política que no le permitieron enviar a América, un contingente de veinte mil soldados para reforzar las disminuidas tropas que llegaron en abril de 1815 con el general Pablo Morillo, éste tuvo que buscar un entendimiento de paz con Bolívar, para dar tiempo a la solución del conflicto en España. Siete años después, precisamente en Trujillo, se realizaron las conversaciones y discusiones a partir del 21 de noviembre de 1820, para concretar los Tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra; el jefe realista Morillo, había designado como emisarios al general Ramón Correa, a Juan Rodríguez del Toro y a Francisco Linares González; el Libertador designó al general de brigada de 25 años Antonio José de Sucre, al coronel Pedro Briceño Méndez y al teniente coronel José Gabriel Pérez; los Tratados fueron ratificados por Bolívar y Morillo el 27 de noviembre, los cuales sellaron con un fuerte abrazo en Santa Ana de Trujillo. Sucre puso de manifiesto su magnanimidad y diplomacia para llevar a feliz término estas importantes deliberaciones que permitieron humanizar la beligerancia, permitir el canje de prisioneros, no llevar los conflictos bélicos a las poblaciones, rendirle honores a los fallecidos y la atención de los heridos en combate, los cuales no se deben considerar como prisioneros de guerra. A la única persona a quien el Libertador le escribió una biografía fue a Sucre en febrero de 1825, documento denominado “Resumen sucinto de la vida del general Sucre”, refiriéndose a esta actividad dijo: “Este Tratado es digno del alma de Sucre, él será eterno como el más grande monumento de la piedad aplicado a la guerra”.
Con los tratados de Trujillo, Sucre se adelanta 43 años a la creación del Comité Internacional Cruz Roja y 44 años a los Tratados de Ginebra. Continuando la gesta emancipadora, Sucre logra en Pichincha “Cima de la Libertad”, el 24 de mayo de 1822 un resonante triunfo contra las fuerzas realistas del general Melchor Aymerich, a quien le ofrece en el fuerte Panecillo una honrosa capitulación, aplicando su doctrina de “Gloria al vencedor, honor al vencido”. En Ayacucho, “Cumbre de la gloria americana”, derrota con su talento y estrategia el 9 de diciembre de 1824 al invicto ejército realista, ofreciendo en el mismo campo de batalla al general José de Canterac, representando al Virrey José La Serna, herido en la acción militar, vencido mas no humillado, una capitulación, que a juicio de los historiadores internacionales, es “la más honrosa que se conozca en los anales de la humanidad”; por cierto Canterac cuando estuvo en Venezuela a las órdenes de Morillo, ordenó fusilar en Cariaco en 1817 a Francisco, un joven capitán hermano del futuro Gran Mariscal de Ayacucho. Nuestro ilustre cumanés, no hacía el bien por capricho, sino porque le era imposible actuar de otra manera, su doctrina estipulaba que “la victoria no concede privilegios”. Luego de triunfar el 29 de febrero de 1829 en Tarqui contra la insensata invasión del Perú a Ecuador; en la población de Girón emite el 1ro de marzo con su carácter humanitario el “Convenio de Girón”. Durante la realización del Congreso Internacional de Historia realizado en 1980 en la ciudad de Bucarest, a proposición del eminente abogado ecuatoriano Jorge Salvador Lara, Sucre fue designado por unanimidad “Precursor del Derecho Humanitario Internacional”. Razón tenía doña Mariana Carcelén y Larrea, viuda de nuestro paisano cuando dijo: “Corazón más puro que el de Sucre, no ha palpitado en pecho alguno”
lunes, 7 de mayo de 2012
Sebastian Francisco "Libertad" Miranda
Historia y Tradición
SEBASTIÁN FRANCISCO
“LIBERTAD” MIRANDA
Eumenes Fuguet Borregales (*)
El 28 de marzo se conmemora un
nuevo aniversario del natalicio del paisano más universal, primer general en jefe
de nuestra Venezuela Heroica; único militar en el mundo que ha luchado en tres
continentes; precursor del derecho al voto de la mujer; precursor de la Reforma
Agraria y de las condecoraciones en Venezuela, su presencia en bronce en Valmy,
con la inscripción de “Miranda Libertador de Francia”; su retrato en el palacio
de Versalles, único americano cuyo nombre está inscrito en el Arco de triunfo
de París desde 1834.
Primer americano con amplia
visión de independencia e integración, estuvo presente en las tres grandes
revoluciones de su época, es decir: la norteamericana, la francesa y la
hispanoamericana; periodista, políglota, poseedor de una de las bibliotecas más
completas en su tiempo.
Miranda trajo la primera
imprenta, fue pianista, violinista, compositor, perseverante en sus ideas y
gran soñador. En la búsqueda de la libertad visitó palacios y también
prisiones; es el padre indiscutible de la masonería hispano americana.
El origen canario de su padre don
Sebastián, lo colocaba en desventaja ante los españoles peninsulares, por eso,
después de haber recibido una esmerada educación en la Universidad de Caracas,
en 1771, a los 21 años se trasladó hacia la metrópoli, donde compró por 85.000
reales de vellón el grado de capitán y designado al regimiento de la Princesa
para cumplir en diciembre de 1774 operaciones en Melilla, al Norte de África,
contra los moros; allí recibió su bautizo de fuego.
El año 1780 siguió hacia La
Habana; en 1781 fue enviado a la Florida donde participó en la recuperación de
la región de Pensacola en posesión de los ingleses. Por su valor fue ascendido
a teniente coronel. En Pensacola le vino a la mente la concepción de formar una
gran nación llamada Colombeia, en homenaje al descubridor.
En Norteamérica entabló amistad
con George Washington, Samuel Adams y Manuel Lafayette. En diciembre de 1784 se
dirigió a Inglaterra para solicitar apoyo para su afán de emancipar al nuevo
continente; hablaba seis idiomas y traducía del latín y griego.
Leía a los principales filósofos
de la época. Cual Quijote buscando molinos, recorrió en Europa más de cien
ciudades, llevaba un minucioso diario donde anotaba las impresiones que
observaba en los hospitales, museos, cárceles y bibliotecas, En febrero de 1787
conoció a la reina Catalina de Rusia quien lo autorizó colocarse el uniforme de
coronel del regimiento de coraceros.
En 1792 se incorporó a la
revolución francesa, su férrea voluntad le permitió ser ascendido a mariscal de
campo; en Valmy, mereció el grado de general de los ejércitos franceses. En 1795
conoció a Napoleón Bonaparte con quien cenó y recibió la siguiente expresión:
“Miranda lleva el fuego sagrado en el alma”.
En 1798 fundó en su casa de
Londres la Logia Gran Reunión Americana, cuna de las futuras logias Racionales
y Lautarinas. En 1800 vivió en Londres con su ama de llaves Sarah Andrews, con
quien tuvo a Leandro y Francisco. Antes de viajar en su afán emancipador,
redactó su testamento donde dejó sus clásicos a la Universidad de Caracas,
“Siempre que se haga independiente”.
El 2 de septiembre se trasladó a
Norteamérica, donde pudo adquirir y apertrechar una corbeta a la que le puso el
nombre de Leander. Zarpó de Nueva York el 2 de febrero de 1806, en el puerto de
Jacmel en Haití se le unieron las goletas Bee y Bachus; el 12 de marzo, al amanecer,
izó la bandera tricolor; también izó la insignia de: “Muera la tiranía y viva
la libertad”.
El 24 de marzo juramentó a la
tripulación de unos doscientos expedicionarios, quienes zarparon ese día, en
busca de la ansiada libertad. Las goletas Bee y Bachus fueron avistadas y
capturadas el 28 frente a Ocumare de la Costa; Miranda con mejor suerte pudo
escapar hacia Trinidad, donde consiguió apoyo para navegar a la Vela de Coro,
allí colocó el 3 de agosto de 1806 la bandera en el fortín San Pedro; la cual
flameó victoriosa por primera vez en tierra firme.
El día 4 Miranda llegó a Coro; la
población había desocupado la ciudad y huido hacia las montañas; Miranda colocó
la bandera de la redención en la iglesia parroquial, hoy Catedral. Nuestro
Precursor llevaba en su mente y corazón un pensamiento de Miguel de Cervantes y
Saavedra, autor de “Don Quijote de la Mancha”:
“Fuerte cosa es hacer esclavo a quien Dios y la naturaleza hicieron
libre”.
Historia y Tradición
EL PRIMER
BOLÍVAR NACIDO EN AMÉRICA
Eumenes Fuguet
Borregales (*)
En la ascendencia
de nuestro Libertador encontramos común el nombre de Simón, así se llamó su
quinto abuelo paterno; el primer Bolívar que llegó al continente americano
había nacido en la puebla de Bolíbar, Villa de Marquina, en Vizcaya, en 1532,
conocido por la historia como Simón “El Viejo”. Llegó a la isla de Santo
Domingo en 1559, donde casó con la dominicana Ana Hernández de Castro; de esa
unión nació en 1569 Simón Bolívar de Castro, conocido como “El Mozo”, cuarto
abuelo y primer Bolívar nacido en América.
Simón “El Viejo” se
caracterizó por sus dotes de buen administrador y excelente calígrafo, durante
30 años se desempeñó como escribano público del cabildo y secretario de la Real
Audiencia de Indias; llegó a Venezuela en 1588, contratado como secretario y
luego designado Procurador de la Provincia; logró por primera vez que Venezuela
exportara mercancías a España en forma legal; igualmente, cambió la segunda “B”
del apellido por la “V”, tal como actualmente se escribe.
También obtuvo
permiso de España para que se instalara en 1589 por primera vez en Venezuela el
Seminario Tridentino de Santa Rosa, núcleo de la Real y Pontificia Universidad
de Caracas, fundada por el rey Felipe V el 22 de diciembre de 1721; desde el 24
de junio de 1827, por disposición de
nuestro Libertador, se denominó Universidad Central de Venezuela, teniendo como
primer Rector al sabio José María Vargas. Igualmente, logró que Caracas fuera
la capital de la Provincia de Venezuela; al quedar viudo, casó de nuevo en
septiembre de 1600 con María Luyando, sin
dejar descendencia.
Simón “El Mozo”
contrajo nupcias en 1592 con Beatriz, la hija mayor de Ana Rojas y del
conquistador Alonso Díaz Moreno, natural de Olalla-España, fundador de LA NUEVA
VALENCIA DEL REY; con Beatriz nacieron Luisa (1592) y Antonio (1596),
tatarabuelos paternos, PRIMEROS DEL APELLIDO BOLIVAR QUE NACIERON EN VENEZUELA.
Simón “El Mozo”
consolidó económicamente la hacienda-ingenio San Mateo, una de las principales
de Venezuela; fue un defensor de los indígenas. Al fallecer Beatriz, Simón
ingresó en la vida eclesiástica; ejerciendo estas nobles funciones fue
designado comisionado del Santo Oficio en VALENCIA y Visitador General de
Obispado, con la responsabilidad de fijar las construcciones de los templos en
los Valles de Aragua.
Antonio fue capitán
de Milicias y cumplió importantes funciones, tales como alcalde de Caracas;
casó en 1622 con Leonor de Rebolledo, de cuya unión nació en 1627 Luís,
bisabuelo paterno; dedicado a las milicias, ocupó en Caracas importantes cargos
administrativos.
Luís casó con María
Martínez de Villegas y Ladrón de Guevara, de cuya unión nació en San Mateo en
1665 Juan, abuelo paterno, quien fundó en 1717 La Villa de San Luís de Cura,
hoy Villa de Cura; Juan se había casado en segundas nupcias en 1711 con María
Petronila Ponte de Marín y Narváez, hija de María Josefa Marín de Narváez,
madre natural reconocida, quien heredó de su padre, el capitán español
Francisco Marín de Narváez, las ricas minas de cobre ubicada en Aroa y la Casa
Natal en Caracas, las cuales pasaron a la familia Bolívar.
La Casa Natal fue
vendida en junio de 1806 a Juan de la Madrid y las minas, uno de los pocos
bienes que le quedaban a nuestro Libertador en el momento de elaborar su
testamento el 10 de diciembre de 1830 en Santa Marta; los otros bienes se
utilizaron en la lucha emancipadora; las minas fueron vendidas por Antonia
Bolívar en 1831 a unos ingleses. Juan y Petronila procrearon en 1727 en la
población de La Victoria a Juan Vicente, quien casó en 1773 con María de la
Concepción Palacios Blanco, padres del más grande hombre nacido en la América:
Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios, padre de un
manojo de seis naciones.
(*) Gral. de Bgda
eumenes7@gmail.com
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